EL POBRECITO DICHARACHERO ESPAÑOL

 

      ¡España!…

      ¡Sin límites y sin soluciones!…

      Pasarán las oscuras golondrinas, los días, los meses y también los años, pero en la actualidad de nuestro tiempo, como vamos los españoles, seguiremos igual si no peor mientras día a día nuestros oídos sigan oyendo la cantarina del congreso de los imputados llena de reproches sin sentido cubiertos por una amarga capa de sinrazón, la cual es intercambiada a diario por nuestros queridos llamados políticos: ¡Qué tú, que yo, la banda del cucú!… ¡Qué tú, que yo, la banda del cucú!… 

      ¡Y esa, no es la partitura que debe ser, pues en mi opinión esa partitura representa un camino empedrado para nuestra España!…

      El problema, concretamente y no desnortado, está en que no tenemos una clara definición transparente, sino una tremenda confusión inconcreta que no podrá llevarnos a buen puerto, es más, ni si quiera nos llevará a puerto. Sin una trayectoria definida, concreta, humilde y honesta, será imposible salir del amargo pozo o valle de lágrimas en el que por desgracia hemos caído o nos han hecho caer. Y se supone que son gente culta, preparada, inteligente, bien educada y con estudios. ¡Hay que joderse!…

   Paro, impuestos, desahucios a lo cavernario, fraudes, estafas, prevaricaciones y un largo y extenso catálogo escrito por manos negras llenas de sucio carbón sólo puede acarrear y llegar a provocar:

     Rebelión social, desobediencia civil, infracciones, muertes, asesinatos, xenofobia y un  dilatado etcétera. El resto, bien sabido es por las gentes de mi edad. Los jóvenes, si tienen dudas, que consulten los libros de historia que relatan nuestras épocas pasadas no tan lejanas.

      Tristemente, volveríamos, si nuestros gobernantes se siguen tocando el bolo, a las ya olvidadas y todavía no cicatrizadas dos Españas: Azules y rojos.

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EL POBRECITO DICHARACHERO ESPAÑOL