-Si le soy sincero, debo reconocer que me ha dejado usted impresionado; aunque tengo la cabeza echando humo –afirmó satisfecho el comisario mientras mantenía los brazos cruzados apoyados sobre la mesa y movía la cabeza ligeramente de arriba a bajo de forma continuada. Estaba este tan ensimismado mirando al inspector durante su exposición que, por raro que parezca, se había quitado el cigarro de la boca para prestarle mayor atención y lo había mantenido apagado entre los dedos de su mano derecha.

-No será para tanto señor, aunque agradezco el cumplido.

-Se lo digo francamente Valdés, no sabía que nos hubiesen mandado de Barcelona un inspector tan entendido, analítico y formado… Durante su breve estancia en Madrid…, dos meses si no me equivoco,….

-Así es… -le interrumpió este para confirmar su afirmación.

-…, no había tenido la oportunidad de valorar su elocuencia y valía… Lo cierto es que por considerarle un novato al no tener experiencia de calle, le había asignado pequeños casos con los que no ha tenido la oportunidad de lucirse… He de confesarle que la idea de que fuese usted ascendido a inspector allá en Cataluña por causa de los estudios y no por méritos prácticos, no me hacía ninguna gracia, pero tal y como está exponiendo los hechos, he cambiado radicalmente de opinión… Pero continúe… continúe… -remató Salmerón con aire de satisfacción mientras volvía a encender su puro con un fósforo.

-Creo que me halaga en demasía señor… Sus palabras me motivan en gran manera… Y continuando con el caso, terminaré diciéndole que los “birladores” y gente de la calle no se asustan por cualquier cosa. Están acostumbrados a ver a diario muertes, asesinatos, navajazos, timos, gente borracha, a mujeres pariendo como perros, a hombres robustos echando babas por la boca y mordiéndose la lengua como si estuviesen poseídos, y gente que se queda cadavérica debido a las enfermedades que nos han asolado desde mediados del pasado siglo… Por lo que yo me pregunto: ¿Qué fue lo que vio, oyó, olió, sintió o intuyó nuestro “amigo” el Barquero, que provocó que saliese de allí tan despavorido para que los agentes al toparse con él diesen buena cuenta del abrumador grado de excitación y nerviosismo del que era portador?… Según la versión expuesta por estos, cuando se toparon con él, este se hallaba como ido, fuera de sus casillas, como si estuviera abducido y muy excitado; tanto, que para calmarlo tuvieron que darle varias bofetadas hasta que volvió en sí… -terminó de exponer elocuentemente el inspector.

-¡Está decidido!… ¡Voy a asignarle este caso!… –aseguró Salmerón convencido.

-Pero.., ¡señor!… -balbuceó este sorprendido con voz entrecortada por la inesperada reacción de su jefe.

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