-¡Podrán creérselo o no, pero les vuelvo a jurar mil veces por mi difunta madre que es la verdad!… –insistió este.

-Bien caballeros, pues eso es todo… Ya han oído la declaración del inculpado, así que aquí ya está todo dicho y hecho… ¡Velasco! ¡Balbuena! Bajen al detenido al calabozo y que permanezca allí hasta nueva orden, a ver si así se le refrescan las ideas y quiere contarnos algo más coherente, porque como le vayamos con esta historia al juez, me veo de patitas en la calle –y dirigiéndose a Hilario-: Hijo, te aconsejo que hagas un esfuerzo y pienses en una historia más creíble –y quitándose el puro de la boca, miró a los dos guardias y levantó el brazo añadiendo en un tono despectivo y más seco de lo habitual: ¡Llévenselo!…

Inmediatamente, al oír sus palabras, los agentes antes mencionados lo agarraron fuertemente, uno por cada brazo, lo levantaron de su silla y se dirigieron hacia la puerta. Habiendo avanzado escasos metros, el detenido empezó a gritar escandalosamente al tiempo que se derrumbaba dejando caer su cuerpo, el cual era sujetado por los policías. Y mientras estos los arrastraban para cumplir órdenes, el reo protestaba a viva voz: ¡Esto es una canallada!… ¡Soltadme mal nacidos!…. ¿Por qué me hacéis esto?… ¡Soy inocente!…

-Anda, deja de hacer teatro… Será mejor que te incorpores si no quieres que tu situación empeore todavía más… –le aconsejó el guardia Valbuena tratando de que se volviese a poner en pie.

El Barquero, entre lamentos y gemidos, parecía presentir cual era su destino, lo que provocó en él un repentino estado de excitación nerviosa. A medida que avanzaban por las escaleras hacia los calabozos, sus chillidos se hacían cada vez más audibles, profundos y sonoros. Esto, junto con que intentó morder a uno de los guardias cuando lo introducían en el calabozo, provocó la brutal paliza de la que fue víctima a continuación, la cual, como de costumbre, sería orquestada por el sargento Francisco Requena… Hay que decir, pues es de ley, que Velasco y Valbuena, aunque solían presenciar este tipo de escenas, nunca llegaron a participar en lo que este solía denominar sarcásticamente como: “trato de favor hacia sus detenidos preferidos”.

Lo verdad es que le zurró con todas sus ganas, pues intentaba que cantase y confesase la autoría del asesinato… Pero fue inútil, ya que el reo no cesaba en su empeño de proclamarse inocente de aquel crimen… Aunque cierto es, que la gran paliza que recibió lo tranquilizó bastante, pues lo dejó sin fuerzas para quejarse y reclamar a viva voz su inocencia durante varios días.

Y mientras esto sucedía en los calabozos, en el despacho del comisario tan solo permanecían este y el inspector Valdés, quien se había limitado únicamente a observar y prácticamente no había abierto la boca durante todo el interrogatorio.

Salmerón había dado la vuelta a su sillón y se dedicaba a mirar por el ventanal del que gozaba tras su mesa, al tiempo que permanecía absorto, impasible y meditativo mientras daba algunas chupadas cortas pero enérgicas a su puro. Entretanto, Valdés seguía apoyado sobre la pequeña mesita de la esquina y en la misma posición en la que había permanecido durante todo el interrogatorio. Finalmente, se levantó haciendo algo de ruido y cogiendo su sombrero decidió abandonar la estancia, lo que provocó que su superior saliera súbitamente de su abstracción, se girase, y viese como aquel se disponía a marcharse de allí.

-No se vaya Valdés, me gustaría hablar con usted y saber cual es su opinión en lo referente a este caso…

Al escuchar sus palabras, éste se paró en seco bajo el marco de la puerta, se dio la vuelta y, en silencio, se encaminó hacia la silla que momentos antes había ocupado el preso para tomar asiento.

-Que quiere que le diga… Sinceramente hay muchos detalles en este caso que no me cuadran… Circunstancia que realmente me enerva y preocupa… –respondió Valdés mirando a su superior mientras juntaba sus manos y se las acercaba en posición vertical a la boca.

-Querido inspector, para eso estamos aquí… Para intentar cuadrar y encajar las piezas del puzzle… Para eso nos pagan; aunque sea poco, tarde y mal….  Y dígame.., ¿qué es exactamente lo que no le cuadra?… Porque lo cierto, es que a mí, en este caso, nada me encaja… ¡Maldita sea!… –dando un puñetazo sobre la mesa- ¡Más que un puzzle, esto parece un rompecabezas! -rugió colérico el comisario frunciendo el ceño-: ¡“Redios”!… Disculpe inspector, pero como habrá observado, este caso me está crispado los nervios… Pero perdone, continúe…

-Como le decía, hay muchas cosas que no me cuadran… Desde mi perspectiva, si somos objetivos y analizamos los hechos con detenimiento, nos daremos cuenta de la infinidad de aspectos raros y extravagantes que arroja este caso…

-¡Vaya inspector, para darse cuenta de eso no hace falta estudiar en una Universidad! –interrumpió Salmerón algo excitado- ¡Por el Amor de Dios, vaya al grano!… ¿Qué me quiere dar a entender Valdés?… ¿No me dirá que es extraño que un “Birlador” de poca monta y dado a lo ajeno, posiblemente con tres copas de más de “rute”, navajee a un “pringao” a plena luz del día?… ¡Eso es tan normal en el Madrid de nuestros días como el paso del tranvía!… ¡No me cuente historias que no estoy para novelerías!… ¡Para mí todo está claro y no tiene secretos!… ¡Vamos, que no me creo nada de lo que nos acaba de contar ese sujeto!…

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