Todos los presentes contemplaban la escena pensando que este se lanzaría colérico sobre el policía, por lo que antes de que nada de eso pudiera llegar a ocurrir, fue agarrado fuertemente por ambos brazos por los agentes Velasco y Balbuena, quienes seguían tras su silla por si se producía algún nuevo incidente, pues era de sobra sabido por la policía que el tal Barquero era un hombre muy nervioso y al que dominaban sus impulsos. Los agentes lo obligaron a volver a sentarse sujetándolo por los hombros mientras le aconsejaban que fuese consciente y consecuente con sus actos, que lo mejor era que se tranquilizase, ya que si la situación se le escapaba de las manos, se encontraría con un escenario peor del que ya tenía; el cual, de por sí, ya era bastante problemático.

Al contrario que el resto, el comisario permanecía sentado en su sillón sin alterarse lo más mínimo observando la escena impasible, y como era costumbre, con su inseparable cigarro puro en la boca, al que después de darle una profunda calada, exclamó mientras soltaba una espesa columna de humo:

-No se soliviante sargento, relájese… –agregó tratando de contener a su subordinado; tras lo cual, se dirigió nuevamente al preso: Y relájate tú también Hilario, que no es para tanto… -y aumentando el tono añadió-: Será mejor que dejes de jugar con nosotros, porque de lo contrario, me da que te vas a tirar remando una larga temporada en el estanque de la cárcel… Y eso a buenas…, porque a malas…, el gobierno seguro que te regalará una preciosa soga para que la luzcas como un collar alrededor del pescuezo… –y dando otra chupada a su cigarro, tras expulsar el humo y con tono sarcástico, continuó diciéndole mientras esbozaba una ligera sonrisa-: ¡Sería una pena, pero no dudo ni por un instante de que el regalito te quedaría soberbio!… –y tras hacer una pausa, dirigió nuevamente la mirada hacia el sargento-: El día menos pensado, en una de estas farras que tanto le gustan y tan en serio se toma, le da un soponcio y se nos queda tieso aquí mismo… ¡Así que haga el favor de no excitarse tanto!…

Rápidamente, Requena, que no daba puntada sin hilo y al que le encantaba achuchar y amedrentar a los detenidos, aprovechando la mención expresa que su jefe acababa de hacer hacia su persona, soltó:

-¡Qué santa y bendita razón tiene jefe!… A esta clase de “canalla” les encanta que el gobierno les haga regalitos.

Hilario, tras escuchar lo relatado por el comisario junto con la réplica del suboficial, volvió a pegar un brinco de su silla para ponerse en pie, y de lo más alterado, tiritando y entre sollozos de impotencia, suplicantemente exclamó:

-¡Ya no sé como decírselo!… ¡Yo no soy un asesino!… ¡No he matado a nadie en mi vida!… ¿Me oyen?… ¡A nadie!…

Al momento, los dos guardias pusieron sus manos sobre los hombros de este para volver a indicarle que se sentara.

-¡Qué te calles joder, que te calles; que eres muy contestón y me estás tocando mucho las pelotas!… –explotó enfáticamente el sargento a la vez que se volvía a acercar a este para flagelarlo nuevamente con otra colleja. Acto seguido, se dirigió al comisario: Con todos mis respetos señor, creo que este “choricero” de mierda nos está tomando por unos “tolais”… Esta cabeza de chorlito se cree que nos hemos caído de un guindo… –y hablando para sí mismo en un tono bajo pero enfático y asintiendo con la cabeza a la vez que se separaba de este, añadió entre dientes: ¡Este mamón nos quiere torear!…

Anuncios