EL ÚLTIMO TREN

         A todos aquellos seres, que cuando llegan a la última estación, se bajan de su tren.

 

Segovia. Año 1997.

      Sabía que no me quedaba mucho tiempo. Ellos trataron de ocultármelo, pero los oí hablar de mi salud a escondidas.

      -¡Mi motor fallaba!…

      No tenía ninguna pena por dejar este mundo. A mis ochenta y siete años ya lo había vivido todo. Tampoco tenía familia, pues nunca me casé, por lo que a estas alturas estaba sola en el mundo. Mi única ilusión era visitar Segovia por última vez.

      Desde la ventana de la residencia miré al cielo. Hacía un día perfecto, el cielo era completamente azul y el sol brillaba con intensidad. De repente, una idea se cruzó en mi mente.

      Al momento, me levanté del sillón y me dirigí al armario para coger el único vestido de calle que tenía y una chaqueta, ya que corría el mes de Mayo y podía refrescar.

     Decidí salir de la residencia sin que me vieran, pues eran muy estrictos. No dejaban salir a las personas mayores como yo así como así.

    Una vez en la calle, tuve miedo. Me encontré frente a una ciudad desconocida, aunque era lógico, ya que había pasado los últimos diez años recluida en el asilo, o residencia, como ahora lo llaman.

     Me encontraba frente a un mundo nuevo, lleno de gentes que iban y venían, al parecer, ensimismados en sus pensamientos. Muchos vehículos pasaban a gran velocidad, lo que me aturdió mucho y estuve a punto de regresar.

     ¿Qué hace una pobre anciana como yo en la calle? -me pregunté. Estaba rodeada por un montón de gente a la que no conocía….

      Era la fuerza de la ilusión la me empujaba a ver por última vez el lugar en el que había nacido y pasado los años más felices de mi vida. Eso fue lo que motivó a dirigirme hacia una de las bocas del metro que me rodeaban.

    Finalmente, llegué a la estación, aunque un poco fatigada, por lo que decidí sentarme tratando de recuperar fuerzas. Pasados unos minutos, me dirigí a uno de los mostradores para informarme de la hora a la que salía el primer tren para Segovia. Allí, me dijeron que salía uno cada hora. Saqué el poco dinero que tenía y compré el billete.

     Faltaban cuarenta minutos para que mi tren saliera de la estación rumbo a su destino. En ese intervalo de tiempo, me dediqué a observar la estación y a sus gentes. A decir verdad, era muy moderna y limpia, llena de viajeros que iban y venían mostrando una indiferencia absoluta. La verdad, es que sentí añoranza por las antiguas estaciones, tan entrañables y auténticas.

      Sin desearlo, mi mente me llevó al pasado, a cuando tenía diez años. Papá, que era revisor en el tren de Madrid-Segovia, me llevaba todos los sábados con él. ¡Qué feliz era en ese entonces!…. ¡Me sentía diferente!… ¡Única!… Para mí, aquel corto trayecto, representaba una gran aventura, a pesar de que siempre era igual.

     De golpe, una voz me advirtió de que mi tren partía en cinco minutos. Me encaminé a la escalera y bajé a los andenes, donde pude ver un tren muy moderno. Un señor, muy amable y educadamente, me ayudó a subir, instalándome en uno de los asientos que había al lado de una ventanilla. Transcurridos dos o tres minutos, escuché un fuerte silbido, y al momento, el tren se puso en marcha.

      Nuevamente, volví a pensar: ¡Qué recuerdos más bellos!… ¡Mamá!… ¡Papá!… ¡La tía Olivia!… ¡Éramos tan felices en ese entonces!… La única pena era que mamá se había muerto muy joven, con apenas cuarenta y dos años, y papá se había quedado solo y muy triste, aunque entre la tía Olivia y yo intentábamos consolarlo.

      A mi memoria vienen aquellos trenes de madera, un poco incómodos, pero llenos de una gran fraternidad que ahora no veía…. El que más me gustaba era El Expreso, con sus compartimientos llenos de familias que viajaban, se conocían y en pocos minutos hacían una buena amistad, tanto, que intercambiaban sus viandas. Y así, charlando y comiendo, pasaban el viaje tan a gusto. ¡Qué tiempos aquellos!

     Lástima haber nacido mujer, pues de haber sido hombre, papá me hubiera empleado en La Renfe.

      -¡Cómo me gustaban los trenes!

    CONTINUARÁ…

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