EL PAYASO

EN BOCA CERRADA NO ENTRAN MOSCAS, DEL MISMO MODO QUE LOS PECES MUEREN POR LA BOCA.

EN ESTE MUNDO, EL QUE LA HACE, ANTES O DESPUÉS, LA PAGA…

SAN PEDRO DE MURO-PORTO DO SON. A CORUÑA.

AÑO 1931.

El pueblo al que me refiero en esta ocasión se encuentra en la provincia de A Coruña, donde ocurrió un caso digno de llegarse a mencionar por el suceso tan trágico que allí aconteció. Sus habitantes me lo relataron en su día y yo lo plasmé en mis escritos para contárselo ahora a ustedes.

Según me dijeron los más ancianos, era para presumir el tener un santo llamado San Benito, en Seráns, el cual tenía muy buena fama como milagroso para la curación de las verrugas. Todos en el pueblo y en la comarca lo veneraban y eran fieles devotos, en especial, cuando llegaba la fecha de su romería.

En el pueblo, el bautizo de los gemelos Martín fue uno de los más sonados, sobre todo por lo que después sucedería y que más adelante les relataré. Y ahora volvamos al año que he mencionado.

Ángel, el padre de los dos rapaces, se encontraba de lo más feliz y contento, y por ello, había tirado su humilde casa por la ventana invitando a todo el pueblo en la taberna de la plaza para celebrarlo. Lucina eramucho más joven que él, ya que no cumplía los treinta y tantos y su marido ya tenía los sesenta y muchos, por ello daban lugar a toda clase de comentarios.

La verdad es que la mujer, desde que se casó, siempre había deseado tener un hijo, y con el paso de los años llegó a pensar que sería imposible.

Para poder llegar a conseguir su ansiado sueño, un día, fue a ver a una curandera, la cual habitaba en una pequeña casucha en uno de los montes cercanos. Había ido sin que su marido lo supiera, llevada por la obsesión de llegar a ser madre para ver si ésta le podía dar algún remedio para conseguir su ansiado propósito.

La curandera, que era una verdadera arpía, y por ello conocida en la comarca como: “La bruja de las verrugas”, tras la entrega de una buena suma de dinero, le confesó, que una de sus sobrinas lejanas, “La pecas”, había dado a luz a dos gemelos y por no haberlos deseado y no poderlos mantener se los había entregado para que ella los cuidase, pues desgraciadamente, se había quedado embarazada del Julio, hijo de “El condenado”.

La vieja curandera, tras hacer un gesto con la boca chascando su negruzca lengua mientras se le caían las babas de la boca, con el fin de convencerla, dijo con voz tajante:

-¡Pero como esa “mulleriña” íbase casar con semejante elemento!…  ¡No tenía ni oficio ni beneficio, y era bebedor, follonero, faltosu y además había estado en la cárcel!…

Lucina, tras escuchar las palabras de aquella bruja, se convenció y decidió quedarse con los dos recién nacidos.

Tras contárselo a su marido, y decidiendo éste complacer a su mujer, optaron porque la mejor solución era marcharse del pueblo y hacer vida en otro cercano, para que las gentes no supieran la verdad sobre sus dos hijos, mientras que varios vecinos días después, hallaron muerta a la vieja curandera en extrañas circunstancias.

El tiempo transcurrió, y el matrimonio desde el primer momento notó que entre los dos hermanos surgían grandes celos. Sus padres los regañaban constantemente por este motivo, imponiéndoles algún que otro castigo, aunque sin darse cuenta y sin ellos saberlo sólo conseguían avivar su rivalidad.

Transcurrieron veinte años desde aquella fecha, y los dos niños se convirtieron en unos buenos mozos.

Ángel era un chico alto, rubio y guapo, aunque su manera de ser, sus modales y sus maneras dejaban mucho que desear, pues era un gran bebedor, pendenciero y poco trabajador, mientras que David, que era moreno, un poco más bajo, con un acusado sentido del orden y con enorme respeto hacia los demás, ponía gran empeño en el trabajo y aprendía de sus padres. Todo lo contrario que su hermano.

La máxima explosión de rivalidad entre ambos surgió cuando David se echó de novia a una rapaciña de muy buen ver, carácter agradable y querida por todas las gentes del lugar, dando como resultado que su hermano se enamorase también perdidamente de ella y no cesaba de acosarla. El hecho de que David se enterase de lo que estaba sucediendo,  provocó que ambos hermanos discutieran y llegaran a las manos, y tras cruzarse todas clase de insultos, llegaron a estar sin hablarse más de dos meses.

Un día, Rosa, que así se llamaba la rapaza, le confesó a David, que tras habérselo pensado, había decidido romper su noviazgo, pues se había enamorado locamente de su hermano Ángel, pese a que sabía como era. Esto dio como resultado que el bendito despechado se refugiase en su casa y su trabajo con el fin de ocultar la procesión que llevaba por dentro.

Transcurrido un tiempo, llegaron los carnavales, y como era costumbre en el pueblo, se celebraban por todo lo alto. Las gentes se vestían con toda clase de disfraces de lo más engalanadas para ir a los bailes y a los fuegos artificiales.

Según me contaron, los nuevos amantes acudieron esa noche a la plaza de lo más alegres y enamorados. La chica iba vestida de princesa y Ángel de rico pirata-corsario.

Su hermano, día a día, se sentía más reacio a la hora de tener relaciones con la gente del pueblo debido al resentimiento que soportaba, por ello decidió quedarse en casa y no acudir a la fiesta.

Horas más tarde, David salió corriendo a la calle de lo más excitado y con la cabeza ensangrentada, gritando de forma escandalosa mientras se dirigía al cuartel de La Guardia Civil para comunicarles que alguien había entrado en su casa y le había propiciado un gran golpe en la cabeza que le había dejado inconsciente mientras le robaban.

Al momento, dos guardias le acompañaron a la vivienda, comprobando que sus palabras eran ciertas, ya que la puerta de la casa había sido forzada y todas las estancias se encontraban patas arriba, por tanto, le tomaron declaración de lo sucedido y marchándose, uno de ellos, le animó diciéndole:

-¡Tranquilo David!… ¡Ya verás como antes o después cogemos al causante del robo!… ¿Oye, es qué no vas a ir a las fiestas?…

El mozo, secándose la herida que tenía en la cabeza le contestó de mala gana:

-¡Para fiestas estoy yo!… ¡Lo único que me pide el cuerpo es que me meta en la cama!… ¡Mi cabeza no para de dar vueltas!…

Dichas estas palabras, los dos guardias se despidieron de él, y saliendo de la casa  entre comentarios, comenzaron a caminar en dirección al cuartel.

Mientras tanto, en la plaza del pueblo,  que estaba abarrotada de gente que había venido de toda la comarca, todo era fiesta, alegría, música y baile.

Ángel y Rosa, cansados de tanto bailar, se retiraron abrazándose a unos bancos y allí comenzaron a besarse ardientemente. Mientras tanto, en la plaza apareció un personaje disfrazado de “payaso”, el cual no paraba de hacer bromas y más bromas a todos los que se encontraban allí, a la vez que no dejaba de mirar de aquí para allá a todos los presentes, como si con ello estuviera buscando algo.

Transcurrido un rato, con gran sigilo, el mencionado se escabulló entre el gentío y comenzó a dirigirse a donde se encontraba la pareja, los cuales al verlo se sonrieron por su súbita y graciosa presencia.

Durante unos breves instantes, el “payaso” permaneció en silencio frente a ellos sin mediar palabra, hasta que acto seguido sacó de uno de sus bolsillos un afilado estilete y haciendo cómicas posturas, se acercó a él y se lo clavó con gran saña en la garganta.

Ángel, al momento, comenzó a sangrar abundantemente hasta que, acto seguido, cayó al suelo agonizante.

La rapaza, al presenciar la terrorífica escena, se quedó petrificada, hasta tal punto que no se pudo mover ni hablar, a la vez que el misterioso “payaso” comenzó a correr velozmente hasta llegar a desaparecer entre la espesa arboleda mientras se oía la fuerte descarga de los fuegos artificiales.

CONTINUARÁ…

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