DICHOS IRÓNICOS Y SARCÁSTICOS.


1).- Un amigo mío, un tanto raro, tuvo a mal de poner por nombre a su perro: “Hijo de perra”.

Lo curioso del caso, era que cuando lo llamaba con la vozarrona que tenía, la gente, al momento, volvía la cabeza.


2).- ¿Oye papá?… ¿Es verdad que los niños vienen de París?… -le preguntó un niño a su padre. ¡Sí, es verdad! -le contestó. ¡De ahí vienen, de París!…

El chiquillo se quedó pensativo y le volvió a preguntar: Entonces, ¿por qué muchos no vienen?…

El padre, ante la pregunta, arrugó el ceño y le respondió: Pues porque muchos no tienen papeles y no los dejan pasar en la frontera.


3).- Don Julián era un hombre de lo más serio y respetado por todos y siempre decía que “apoyaba” mucho a su mujer. ¡Y no le faltaba razón! Pues tan sólo tenía seis hijos, por eso decía que a todas las mujeres había que “apoyarlas”.

Sus convecinos, que tenían muy pocas luces, malentendieron sus palabras tomándoselas al pie de la letra, y desde entonces, comenzaron a llamarle “El ciervo”.


4).- Un día, mi vecina del piso de arriba se enteró de que yo tenía gallinas, y llamando a la puerta, me dijo:

Oye, ¿tienes huevos?…

Al momento, tras lo oído, me sonreí, y siguiéndole el hilo le contesté:

¡Si, claro que los tengo!… ¡Y bien gordos!…

Mi vecina, ante mi respuesta, comenzó a ponerse colorada pensando en las palabras que había pronunciado y, tras darle lo que había venido a buscar, se marchó escaleras arriba.

Transcurrida una semana, la mujer llamó nuevamente a mi puerta y tras abrirla me dijo: ¡Hola!… ¿Me podrías dar una docena de huevos?…


5).- Cierto día, un conocido mío aparcó su autocaravana cerca de la playa. Al encontrarse relajado y en su salsa, pensando en hacer noche en aquel lugar, se bebió unas cuantas cervezas hasta encontrarse en plan estupendo.

Un rato después, un coche patrulla de la guardia civil se acercó al lugar y bajándose del coche, uno de ellos le dijo:

Señor, aquí no puede ni aparcar ni pernoctar, tiene que menear su autocaravana…

No pude evitarlo, y según me lo dijo, le contesté:

Mire señor agente, me he bebido algunas cervezas y por tanto, no me atrevo a menearla, y sacando las llaves del bolsillo mostrándoselas al agente, remató:

¡Si usted quiere me la puede menear, porque yo habiendo bebido no la meneo!…

Al momento, al agente arrugó el ceño, mientras que su compañero no paraba de reírse.

Finalmente, el civil también sonriéndose, le respondió:

¡Esta bien señor!… Cuando se encuentre en condiciones para hacerlo, menéela, ya que nosotros no se la podemos menear…

Dichas estas palabras, el coche patrulla de los guardias abandonó el lugar.


Continuará….

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